En voz baja.
El deseo es esa fuerza de la naturaleza que nos impulsa a procrear. Si a procrear mediante el sexo de forma incluso irreflexiva. Para nada tiene que ver con el amor ni el enamoramiento. Pueden darse al mismo tiempo o ir por separado, por ejemplo en mi tiempo de juventud el deseo estaba enterrado a mil metros bajo la superficie de mi mente, nos quedaba el enamoramiento expresado en cartas e interminables llamadas de teléfono, algún roce de manos o un beso fugaz, en fin que pasabas un rato fatal entre sudores y suspiros. El camelo del amor romántico nos ha llevado a las consultas de los sicologos, porque nadie tenía y creo que ni tienen ahora qué es lo que sentían dentro. Los sofocos eran amor o solo los calores hormonales que sublimabamos con rimas y frases de sentimientos edulcorados. La única cosa que tengo clara entonces y ahora que si a la vez de los besos y achuchones decías cosas lindas el termómetro de ambos se derretia, eso sí te iba que decirlo en susurros, en voz bajo.



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