Lo fácil y lo difícil.
La red está llena de videos de señoras y señores expertos en sicología sobre como llevarnos bien con esposas, esposos, exesposos y exesposas, amantes, vecinos, maestros, amigos, enemigos y un largo etcétera, también qué hace una mujer que se ha enamorado de ti al primer vistazo y como darse cuenta, detectar gente tóxica o si el sexo oral es mejor antes o después de ducharse, si en su cama o en la parte de atrás del auto. Yo jamás hubiera imaginado tal batería de preguntas y las dudas que ahora me asfixian cada vez que sorprendo a una mujer desconocida mirándome, Jesús mío se me irá a declarar antes de desayunar, porque yo desayuno algo tarde, primero me tengo que tomar un café para poner en orden unas pocas neuronas. Pues debo ser entonces alguien muy simple o el ritmo de mi vida es pausado, digno de la época de los discos de vinilo. Ella y yo habíamos compartido unos pocos SMS exploratorios, luego unas sonrisas, un par de cafés al salir del trabajo, luego otro par antes de entrar, una vez al mediodía una ración de gambas a la plancha y eso ya subió el nivel de la conversación. Lo del primer beso tardó un par de semanas, primero nos rozamos las manos un día que la llevé a su casa por una bendita avería de su auto. En fin que nunca echamos de menos a la sicóloga de los vídeos esos, a ella y a mi se nos trababa la lengua, nos sudaba el bigote y nos temblaba las manos al tocarnos, que dos más dos son cuatro y lo vimos nosotros y los catorce del trabajo también. Hicimos el amor un día de forma desastrosa, gracias a Dios, terminamos siendo inseparables amigos contra la opinión generalizada. El amor tiene sus cosas curiosas, comienza o termina según reglas no escritas, desde luego nunca se nos pasó por la cabeza ni el corazón hacernos daño, pero si cuidarse, quererse, acompañarse, todo puede ser infinitamente fácil.



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