Resurgir.


 El amor puede convertirse en una cárcel en la que el carcelero es la persona que ama a otra. Otra que hace tiempo que dejo de corresponder pero juega a ese cruel juego de irse poco a poco, de racionar las caricias de sus manos y de sus palabras, del que es capaz de fingir bajo y sobre unas sábanas. El que ama porque puede ser hombre o mujer pone en marcha todo lo que tiene en sus manos, se desvive, inventa, planea mil cosas, cambia de ropa, de perfume, poniendo toda la carne en el asador hasta....que comienza a morir lentamente, mendigando aquellas palabras de amor que antes le regalaban a cientos, caricias de aquellas manos juveniles que ahora están ásperas o ausentes. El que ya no ama tampoco siente nada, solo espera que un día surja una situación que simplemente sea como darle los santos óleos a un cadáver. Así veo yo a esta guapísima mujer, que adelgaza por semanas que a veces sonríe, pero con una sonrisa triste y lejana. Llevo casi un año arrancándole a tirones una sonrisa muchas mañanas, no crean que le agrada porque se encuentra defendida en esa cárcel rodeada de las pocas palabras de cariño que aún recuerda, pero insisto, le llevo café algunas mañanas, se lo dejo en un rincón como si fuera olvidado allí por un desconocido. Ella me mira y espera que me vaya para tomárselo, otras veces son unos dulces al lado de su mochila. Me siento allí y le doy los buenos días, quizás le pregunto alguna obviedad y de pronto como por arte de magia comienza a hablar unas veces de sus hijos, otra de sus padres o hermanas, luego calla, mira compulsivamente su teléfono esperando aunque sea dos palabras. Hace meses procuraba decirle algunas lindeces y creyó que era un oportunista, nada más lejos de mi. Es que los que han vivido está condena la sentimos en los demás. Me gustaría contarle que llegará una mañana en que te notas vacío, pero un vacío lleno de espacio, espacio dispuesto a llenarse de nuevo. Como las fiebres llega un día que despiertas con la cama mojada del sudor, te duele todo el cuerpo y el alma, no tienes fuerza ni para parpadear pero a la vez ......notas una gran paz interior, la luz que entra por la ventana tiene un brillo especial y aunque nadie te lo diga es el primer día de tu liberación. Entonces lo ves claro, hay un amor mayor a todos los que existen, es el amor a ti mismo, ese que no va a permitir que nadie pueda vivir ni un minuto a tu lado que no te ame sin necesidad de pedirlo ni de merecerlo ni nada. El amor no se pide, simplemente te aman o no. No tienes que hacer nada para que llegue. Y llega solo tienes que oír lo que te dice esa persona que lleva tiempo en silencio cerca de ti. 



📷 Pawell Bogucki.

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