Un café es la diferencia.
Que tal opinan de ti los que te visitan desde cualquier lugar del mundo. Obviamente si es de un país económicamente inferior dirá cosas bonitas incluida alguna opinión sobre las diferentes costumbres respecto al suyo. Pero que sucede cuando el visitante se considera superior no solo por su dinero sino que en realidad está seguro que eres inferior. Que su cultura, su idioma, su país, todo lo suyo supera al país que acaba de llegar y además lo escribe, lo publica o se hace un Tik Tok narrando lo inferior que somos. Nos pasa a los españoles respecto a los anglosajones, especialmente los norteamericanos. Para empezar no somos latinos, si acaso hispanos pero siempre europeos, después nos sentimos observados, investigados, criticados por las evidentes diferencias culturales que gracias a Dios nos diferencias. La primera es la ausencia de una mínima educación y cultura en el comportamiento. Se extrañan que no hablemos ingles, puede que lo hablemos y mejor que ellos, pero en nuestro país se habla otro idioma por cierto con más millones de personas en el mundo que el inglés. Segundo que para nosotros, un francés, italiano, alemán, también un inglés nativo o un sueco que es culmen de lo raro siempre serán más próximos que alguien de allá del océano. Gente con el que mantenemos guerras y paces desde hace tres mil años y que nos vestimos iguales, tenemos un nivel educativo o sanitario similar. De hecho todos pertenecemos a unos Estados Federados de Europa al igual que los Estados Unidos de América. Esa realidad aún no ha calado allí tras el charco, también somos unos Estados Unidos pero europeos. Quizás tengamos banderas diferentes y otras cosas por la que nos encanta ser reconocidos como las faldas escocesas o los arenques finlandeses o las guapas españolas. Pero si quisiera encontrar una diferencia en cada orilla del océano entre ambos estados unidos de allí y aquí es la de tomar un café. A un europeo JAMAS lo encontrará sorbiendo de un vaso de cartón andando por la calle, un europeo tendrá tiempo de ir, sentarse en una mesa, pedir un café en una taza de porcelana, tomárselo con tiempo ganado tras muchas peleas con los empresarios, mirar y charlar con otros en la terraza del café y luego irse paseando hacia donde le apetezca. Esa sensación de dueños de tu tiempo, tu espacio, de tu vida es lo que nos diferencia. Eso y no ir vestidos de mamarrachos de pantalón corto, camisetas horribles y las chanclas. Que para los que no sepan lo que son, son dos suelas de gomas con dos tiras para meter los dedos de los pies. Los europeos no enseñamos los pies o al menos usamos si son mujeres sandalias italianas bastante caras, con unos pies super cuidados, uñas pintadas y unos pantalones o faldas preciosas. Son tres mil años de cultura para ridiculizar en un TIK TOK.



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