Balance.
Recuerdo el día que le comuniqué a mis padres que me iba a divorciar, mi padre después de oírme se fue a hablar con su amigo el párroco sobre si yo después de muerto iría o no al cielo. Mi madre que siempre era más práctica me recordó que vine al mundo soltero y que si eso fuera malo pues Dios nos mandaría ya casados, lo mismo que nos manda con cabeza, pies y manos. Efectivamente, después de dos tercios de mi vida soy consciente que nacemos y morimos solos a no ser que ocurra en un accidente de avión. Los hombres morimos antes que nuestras parejas creo que por agotamiento, otros lo hacen viudos, separados o solteros, lo que ocurre entre ambos momentos son accidentes vitales, rituales de apareamiento y propagación de la especie. Por eso tenemos hijos, los criamos según el arte de cada cual incluido traumas familiares, un día se marchan y siguen su propio camino. Es después de esa salida del nido cuando debemos hacer balance de nosotros mismos, sentarnos a solas mirando el mar o la montaña en interrogarnos sobre dónde quedó aquel joven con su título universitario bajo el brazo y todo un mundo por descubrir. Una tarde cualquiera, tú pareja se levanta del sillón, te sonríe y dice.....quieres un café. Ella cree que soy un genio o alguien especial, el resto del mundo piensa que soy rarito, el caso es que se trata de una gran persona. Mi única genialidad fue descubrirla porque logra que todo su mundo discurra en paz. Procuraré marchar sin dar mucho la lata.



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