Consejos de padres sin hijos


 El primer día que asistí al curso prematrimonial con aquel sacerdote que le suponía no estar casado supe que era una auténtica perdida de tiempo. Ahora me pasa igual cuando alguien de mi familia me relata todas las prohibiciones y consejos de supuestas pediatras o enfermeras solteras y nulíparas, es decir lo más cerca que ha experimentado la lactancia materna es mirándose en el espejo de su ducha. Después de cuatro décadas de experiencia profesional he vivido no sé cuántas modas según los congresos promocionados por empresas de productos médicos. Cada cuatro años lo que era blanco se volvía negro y lo verde gris. He vivido la época en que recién paridas se les inyectaba para anular la producción de leche en su cuerpo y todos los niños de aquellos congresos crecieron sin conocer la teta de su madre. Luego vino la moda del huevo a los tres meses, después a los seis, luego a los doce. Volvió la lactancia materna hasta los seis meses, un año y ahora a demanda, observando como los maridos han sido despojados de su juguete preferido por un niño con más dientes que un tiburón, una cabeza llena de rizos rubios colocándose entre su padre y su madre demostrando quién manda alli . Queremos ser los mejores padres dándole el culo a la naturaleza. Recuerdo a mi profesor de la facultad cuando decía que la alimentación de los niños la marcaban los dientes. Si un niño tiene ya sus dos dientes, fuera la teta y comenzamos papilla, a los seis dientes, carne y verduras. Pero para los mejores consejos siempre han existido madres, tías y abuelas. Nada de intereses comerciales, nada de ideas políticas, ni guerras sobre sexo o género. Hable de matrimonio al segundo divorcio y de sexo al tercer amante. Si no es así cállese y aprenda.

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