Hormonas y sentimientos.



Se duerme más tarde que yo, deja el libro sobre la mesilla  apaga su lámpara  se vuelve hacia mi lado, me acaricia el pelo, me dice muy bajito te quiero  pegándose a mi espalda,  pasando su brazo por mi cintura. De madrugada siento como su mano me toca un  par de veces como para asegurarse que sigo allí, luego cae en un sueño profundo. Con lo años se hace el amor de variadas maneras y ésta es una de ellas, les aseguro que incluso es más satisfactorio el que te demuestren que te quieren con esas muestras de cuidado. Se acaricia con un regalo, con unas palabras en el momento preciso, se hace el amor con una sola caricia. La naturaleza es sabia y cuando ya has propagado la especie se retira de algunas de tus zonas para acomodarse en otras.  Las hormonas que gobernaron nuestro juicio desde la adolescencia se trasforman como la luz del final de verano, nos deja unos cielos rojos explosivos a la vez que una brisa fresca que nos acerca uno al otro por el paseo del mar. Al igual que se guardan datos en esa hipotética nube guardamos caricias, palabras, recuerdos al volver a mirarnos a los ojos.

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