Secretos de madrugada



 


En años mozos en  una de mis primeras noches de guardia en Urgencias del Hospital me dieron la primera máster clase de buen amante. Una señora de alto porte,  magnificamemte vestida y perfumada se bajo de un  taxi para inyectarse un antibiótico a una hora intempestiva de madrugada, mis compañeros con más experiencia me cedieron el turno entre risitas. La señora se subió la falda y me enseñó un trasero más blanco que las sábanas de una monja, pero con unas bragas de encaje que yo no había visto jamás, ella sonreía ante mi bisoñez y me animó a pincharle, luego con malicia se volvió con su prenda a media pierna enseñándome todo el pubis lleno de rizos abundantes. Supongo que siendo estudiante de medicina ya habrás visto muchos pregunto, podria haberle dicho que era el primero pero no pude decir nada como tampoco desviar mi mirada de aquel rincón tan maravilloso. Pues te voy a contar un secreto que no viene en tus libros y es como tener para siempre a una mujer rendida a tus pies. Para eso tienes que provocarle el primer orgasmo metiendo tú cabeza entre sus piernas, supongo que ya me entiendes. En mis mejillas se pintaron todas las tonalidades de rojo y salí del botiquín como un rayo. Al salir mis compañeros preguntaron por mi pericia y ella les dijo, espero que tan habilidoso con la lengua que con  sus dedos, seguro que él me entiende. Nunca la olvidaré. Y llevaba toda la razón como tuve ocasión de comprobarlo. Pero con el tiempo aprendí otra lección, es un arte.
 

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