Segundas oportunidades.
Se puso de moda aquello de si el tren pasa por tu puerta como metáfora de oportunidad que se presenta y Europa otra cosa no pero red de ferrocarril la tiene en cada esquina, así que si el hipotético tren no pasa por la suya es que no estaba allí. Sigo en la playa bajo este tórrido calor sahariano fijándome en el público que me rodea y les aseguro que es el paraíso para los varones sobretodo. Señores ya cercanos a la jubilación con rubias del este o con morenas del oeste todas ellas veinte años más jóvenes que el caballero, eso sí todas en topless y microscópico tanga, las morenas con pecho natural abundante y trasero en consonancia. Son las mujeres del No Problemo que decía Schwarzenegger en su papel del robot del futuro. Efectivamente no presentar problemas es el kid del asunto, que para problemas la españolas se las pintan solas. Y las exparejas vienen o no vienen a la misma playa, pues claro que sí porque se quedaron con la vivienda y además invirtieron en premio en metálico del divorcio en dos tetas enormes y unos labios también enormes, pero la diferencia es que no llevan ni rubio del este o moreno del oeste. Llevan a uno local de los que perdieron en el divorcio, eso sí recién salido del gimnasio con enormes bíceps y cuádriceps, algunos tatuajes y la cabeza rapada. Perfectamente amaestrado que va y viene con botellas de agua fresquita, le hace videos a su pareja y le pone crema solar en toda la anatomía de ella. Oferta y demanda. Al amor no está ni se le espera.



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