Un día de playa.


 Llevamos ya diez días con temperaturas de 42°C de máxima y 25 de minima. Imposible sobrevivir sin aire acondicionado o venirte a la playa donde disminuye todo diez grados. La llegada y vuelta a la playa exige de un protocolo según edades y estado civil, pero en general los hombres tenemos un cometido esencial que es el transporte de sillas ,sombrillas, neveras y demás artilugios para entretener a la prole. La suegra viene incluida. Se han puesto de moda unos carritos de cuatro ruedas que se compran en Temu, allí cabe todo incluido niños. Así que el padre generalmente hace de sherpa familiar o porteador de safari keniano. Una vez abierta la sombrilla y puesta la silla mejor, se sienta la suegra la primera que inmediatamente toma el mando. Los niños salen despavoridos para el agua, la madre corre para ponerles los chalecos salvavidas y el marido se retira como un francotirador mimetizado hacia el chiringuito que es un bar en la parte trasera donde se expende cerveza muy fría, bebida de dioses y premio a la subordinación y silencio. En la playa se ven otros hombres jóvenes solteros o divorciados acompañados de chicas en edad de merecer que curiosamente no saben nadar, por eso sus acompañantes masculinos las sostienes en las palmas de sus manos sobretodo ella boca abajo, cada palma de la mano del señorito cae precisamente en........esos sitios. Curiosamente las chicas recuperan la flotabilidad y las nociones de sus clases de natación al nacer sus hijos que es cuando el hombre descubre el chiringuito. Pasados los años los hombres volvemos a meternos en el agua, porque no han prohibido la cerveza y porque alguien tiene que vigilar a los nietos. Y la mujer, pues ahora es la suegra bajo alguna sombrilla. 

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