De olores y sabores.
Vuelven con fuerzas renovadas los ligueros, las medias y la lencería fina. Nada de metros de piel desnuda hasta mostrar los últimos recovecos o pliegues. Mejor poner en valor la imaginación de lo que no se ve pero se intuye o se sueña. Ah los sueños, ese territorio desconocido donde nada es verdad ni mentira. Lo único malo de los sueños es que no hay olores, sabores creo recordar ahora que hablamos de recovecos femeninos que por lo menos una vez noté o mejor dicho recordé el sabor de ella. Licor lo llamaba algún poeta algo fumado, pero no dejaba de tener alguna razón, dulzón apostillaré yo. Recuerdo en mis prácticas de obstetricia a un señor que nos puso una denuncia porque su mujer ya no le olía a hembra, se trataba de una pareja muy marginal por sus nulos ingresos a la que por motivos de evitar infecciones posparto le dimos un lavado a fondo, tan a fondo que no hizo falta anestesiarla, se quedó dormida como una niña pequeña. Pero eso es un extremo que no hace falta experimentar, en fin, las personas tenemos un olor corporal distinto según la alimentación sobretodo y en cuanto a qué sea más o menos atractivo diré por mi experiencia que si la persona se ducha diariamente y se cambia de ropa su olor es a limpio hasta varias horas después, claro que sí vamos a realizar alguna inmersión bajo las sabanas no es malo darse un agüita mejor juntos para el precalentado. Existía según creo recordar un jabón desodorante que se llamaba Rexona, tanta publicidad tuvo que daba igual con quien fueras que todas olían a la misma marca. Nos tuvimos que rebelar contra esa tiranía y exigir aromas naturales y frescos. He tenido que cambiar el título de hoy porque he terminado lléndome por las ramas o las raíces ya que miro hacia abajo.



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