Nacer, crecer, envejecer.


 Vamos pasando de las manos de una mujer a otra, claro está me refiero a nosotros los hombres y es a través de ellas que llegamos a ser hombres completos o solo un proyecto inacabado. Nacemos de una de ellas, es lo único evidente, crecemos junto a ellas, a su lado, entre ellas dentro de la familia, de la escuela, de tu barrio, ellas te dirigen en esa edad de la pubertad con el juego de premio o castigo, de sonrisa o indiferencia en que son embargo son ellas las que van creciendo abrumadas por curvas y sofocos, nosotros sin embargo vamos de maniquíes de roces y besos literarios hasta que algo allá abajo irrumpe como un volcán que no se deja atrapar por ningún sujetador de talla inicial. Entonces se establece una doble frontera donde las chicas de tu edad evitan el contacto sin tener en claro para que sirven estas cosas sin embargo aparece otras mujeres de muchas más edad que si que tienen claro la utilidad de aquello que nos desvelaba. La vida es una sucesión de etapas en las que pasas de una a otra con personas de distintas edades mientras que también vas cumpliendo años y no sé puede llegar a la madurez sin antes pasar por la juventud. Ahora me siento afortunado a pesar de cometer tantos fallos que pasado el tiempo fueron enseñanzas. Cada mujer fue una maestra en lo que debía o no debía, con cada una aprendí para la siguiente y en cada una verti todo lo aprendido, no me cabe duda que agradecieron a mis maestras porque alguna se llevó el premio. Una melena al viento, aprender a desabrochar un sujetador en un cine, el primer beso, desnudarse en el asiento de atrás de un auto, el desastre de una primera vez, tu primera amante ocasional en una terraza de verano, hacer el amor con la amiga de la novia en su boda, la calidez de una curvy frente a que te claven una costilla o una rodilla bajo el edredón. Todo es aprender mediante esos encuentros hasta envejecer, cuando estás experiencias van espaciándose hasta casi desaparecer. Cosa que sucede cuando abrimos en la mente ese álbum de fotos o esa nube de datos recordando quién nos hizo como somos hoy. Cómo en las grandes veladas de entrega de premios son los besos, las sonrisas, los abrazos con ligero achuchón donde se reconocen alumnos, maestras y viceversa. Es en una sola mirada reconocer el sentirse amado, comprendido, admirado, acompañado, el sentirte hombre, amante y persona. También viceversa cuando es ella quien sea siente entendida, segura, admirada y por supuesto haber perdido sus miedos a entregarse del todo. En eso va todo lo que hablamos sobre lo de vivir.

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