Desvelos.


 Ella tomó mis manos y escribió sobre su piel todas las palabras que le dije, los poemas o cartas que le escribí algún día en forma llenas de caricias.  Lentamente, por momentos de forma agitada mojando  sus propios dedos en mi lengua allí escrita o la suya para recordar aquí o allá dos versos en cualquier rincón de su cuerpo. Repitió en voz baja, en susurros aquellos pensamientos míos que una noche garabateé durante sus lunas menguantes deseando que fueran llenas para ella. Una y otra vez repitió una sinfonía de roces y besos hasta que se oyó en la penumbra una melodía, un largo suspiro que iluminó por un instante la habitación donde persisten mis sueños junto a ella.

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