Volviendo a Ítaca.
Para escapar de lo que nos rodea hemos de volver a nuestro interior, admitir que el ego y el deseo es el origen de nuestro sufrimiento. No saber incluirlos en nuestro día a día, aceptándolos como parte nuestra pero aceptándolo que el ego y el deseo son per se imperfectos aunque vitales. Dejarnos arrastrar o hacer de ellos el foco de nuestra vida es lo que nos aprisiona empequeñeciendo nuestra vida. El deseo de otro cuerpo, poseerlo, habitarlo, el goce que ello comporta debe ser efímero, de no ser así es como esclavizar a la otra persona, reducirla a cosa, solo desde el respeto a la libertad del otro el deseo es aceptable. Lo mismo que el ego, es necesario si, debemos definirnos continuamente pero dejando sus límites difuminados, aceptando la imperfección, el crecimiento continuo, no solo para crecer sino también para volver a ser pequeño, ganar en substancia y perder en poder o querer ser más que alguien. Solo los fuertes admiten sus imperfecciones. El ego y el deseo son buenos si no daña a nadie comenzando por nosotros, si nos engrandecen. Es maravilloso reencontrarte en la calle o un lugar con alguien que amaste, que compartiste por un momento un tiempo de tu vida tu cuerpo, tú yo auténtico y en ese encuentro sigue estando aquel amor y las mismas sensaciones físicas. Recordar el placer compartido es como recordar una puesta de sol, ver un paisaje de montañas o la desnudez de un desierto, en todas esas imágenes te recuperas en tu mejor versión. Volviendo a Ítaca es el motivo de este blog, en eso sigo.



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