Cuestión de ganas.
Se entendía que debíamos ser nosotros los que tomáramos la iniciativa con mucho tacto, demostrando seguridad, amabilidad y un largo etcétera aparte de deseo. Luego se esperaba que encendiéramos la llama suya con miradas, caricias, besos y así suavemente hasta desprender el primer botón, bajar la cremallera y llegar a la desnudez. De un tiempo acá existen otras posibilidades para llegar desnudos a la cama, por ejemplo eso tan de series de TV donde ella jadeando y repartiendo unos besos que son una mezcla de mordisco de helado mientras se oye cómo alguien da sorbitos a una horchata. Bueno a pesar que la horchata es española también quede sorprendido cuando vivi esa experiencia, la verdad es que para eso no estaba preparado, a los diez segundos de la propuesta de ella pasamos a la acción que era por lo visto dejarme hacer lo que ella quisiera, claro que a los siguientes diez segundos tuvimos que llegar a un acuerdo y es que dejáramos brotar las ganas dentro de un orden, para no meterme un codo en el ojo cuando pretendía desgarrar mi camisa como si de una boda gitana se tratará o pegar tirones de la cremallera de mi portañuela con mi acojone ante el inminente estropicio en mi parte noble. Yo después de haber obtenido un doctorado en preliminares, desde los Nocturnos de Chopin a Grieg con su amanecer por allá abajo, ahora me encuentro que las señoras o vienen húmedas de casa o aquello todo suave y sin prisas era un cuento. Ni que decir que el clítoris ha pasado a la historia o que se lo guardan para el satisfyer así que tuve que decirle.....más despacio por favor que necesito un tiempo para humedecerme.



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