En un Simca 1000.


 Era una canción emotiva y que marcaba una realidad , la de hacer el amor en un auto marca Simca 1000. Un auto popular, pequeño, muy coqueto y asequible. Por supuesto incómodo y necesitado de hacer piruetas físicas y mentales para llevar a cabo el acto amatorio. En un pais donde estaba prohibido ir a un hotel, nada de amigos con apartamentos y por supuesto en casa de tus padres era impensable. Teníamos otros modelos de autos a cual más incómodo, el más pequeño era el Seat 600 o el Citroën 2cv. Pero nos la apañábamos como podíamos incluso batiendo el record de lo mínimo con dos parejas dentro del mismo auto. Años más tarde una de las chicas me confesó que pusieron una cortina dividiendo el recinto. En fin contorsionismo puro. El caso es que cuando el sexo ataca no hay fronteras. Hoy todo es más fácil para empezar en casa paterna, pocos padres se atreven a decir nada, luego que hay poder económico para ir donde quieras. Lo del aquí te pillo aquí te mato  quedan para románticos o calenturientos. Los vestuarios del Corte Inglés, portales de inmuebles o bancos en los parques quedan para los más fogosos y fogosas, pero yo les daría un premio porque el amor no debe tener barreras. Donde quedaría la emoción, el deseo, el placer carnal, los calentones tras meses de palabras, cartas y llamadas. Quién frena este impulso cataclísmico. Ese calor que funde las normas sociales. Yo íntimamente pienso y declaro que aquel amor como explosión volcánica era más verdadero que el actual donde todo el mundo tiene lugar y tiempo suficiente para vestirse o desvestirse sin agobios, incluso para exponer modelitos. Lo mejor es lo auténtico y natural, lo que sucede es que no existe el Simca 1000 ni nuestras vértebras ni articulaciones nos permitirían aquellos malabarismos.

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